INTERNACIONAL
Lunes, 23 de Diciembre de 2019 | Hace 8 meses

LA MUERTE DEL GENERAL SALAH SUME A ARGELIA EN LA INCERTIDUMBRE

Inesperadamente, la situación política de Argelia se agrava con la muerte del Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y hombre fuerte del régimen, el general Gaïd Salah, el lunes 23 de diciembre.

El general Gaïd Salah, Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, desde 2004, y viceministro de Defensa desde 2013, falleció hoy sorpresivamente de un infarto a los 79 años, en el Hospital Militar Central de Aïn Naadja, situado al sur de Argel.

 

Salah fue un sólido aliado del expresidente Abdelaziz Bouteflika a lo largo de catorce de los veinte años en que este gobernó. Sin embargo, cuando el 22 de febrero pasado comenzaron las manifestaciones opositoras a un quinto mandato del anciano presidente, Salah comenzó a tomar distancia hasta forzar su renuncia el 2 de abril de este año.

 

Para preservar al régimen argelino, Salah instaló un gobierno de facto a cargo de  dirigentes civiles, el presidente interino y presidente del senado Abdelkader Bensalah y el primer ministro Nouredin Bedaui. Los designados también habían sido parte de los elencos que acompañaron en su momento a Bouteflika.

 

Para ganar tiempo y encontrar un sucesor adecuado al depuesto presidente, Salah suspendió las elecciones previstas para el 4 de julio y comenzó una campaña de “manos limpias”.

 

Para ganar tiempo y buscar un candidato potable, el general Salah decidió entonces avanzar con la purga de las figuras más impopulares del régimen.

 

Con el argumento de terminar con la corrupción que rodeaba al presidente Bouteflika, el general Salah emprendió una campaña contra sus posibles rivales por el poder. Sus primeras víctimas fueron el hermano menor del depuesto presidente, Said Bouteflika y el otrora todo poderoso director del Départament du Renseignement et de la Sécurité (DRS) el servicio de inteligencia y seguridad, el general Mohamed Medienne alias “Tawfik”. Ambos terminaron condenados a diez años de cárcel.

 

Pero la purga de altos cargos no se detuvo allí. También perdieron sus posiciones y fueron encarcelados el ex ministro de Defensa Khalde Nazer, el antecesor de Bouteflika y fundador del partido oficialista Reagrupamiento Nacional para la Democracia, Liamine Zeroual, el general Athman Tartag, alias “Bachir”, el ex primer ministro Ahmed Ouyahia, el ex gobernador del Banco Central y ministro de Finanzas, Mohamed Loukal y el empresario Ali Haddad, director ejecutivo de la empresa constructora ETRHB, principal concesionaria de obra pública del país, y director de la central patronal argelina. Estos últimos también recibieron condenas de entre diez y quince años de cárcel.

 

Las elecciones presidenciales finalmente se concretaron el pasado 12 de diciembre. Nuevamente, el general Salah ejerció su influencia y el triunfador de los comicios fue un hombre de su propia tribu, el ex primer ministro de Bouteflika, Abdelmadjid Tebboune.

 

El nuevo presidente de 75 años era también otro conspicuo exponente de la generación que llevó a Argelia a la independencia en 1962. El régimen sólo había llevado a cabo un cambio cosmético que no conformó en absoluto a los jóvenes que protagonizaban la “Hirak” (protesta) y que rechazaron el continuismo descarado del régimen.

 

Tebboune asumió la presidencia el jueves 19 e inmediatamente condecoró al general Gaïd Salah con la Orden del Mérito Nacional, la máxima distinción que puede ofrecer Argelia a uno de sus ciudadanos.

 

Ahora la sorpresiva muerte de Salah deja al nuevo presidente,  surgido de las elecciones con menor participación de la historia de Argelia, sin su principal apoyo. En medio de un país que lleva más de diez meses de manifestaciones opositoras todos los martes y viernes demandando un real reforma institucional y política y con una compleja situación económica.

 

En los últimos años, la economía de Argelia comenzó a derrumbarse y el régimen se vio forzado a ser más represivo. Desde junio de 2014, cuando el barril de petróleo Brent costaba 98 euros, el precio de los hidrocarburos comenzó a descender hasta situarse en 44 euros por barril. Ahora, se ha recuperado considerablemente posicionándose en 66 euros. Pero en el proceso, la economía argelina ha sufrido una reducción del 50% de sus ingresos provenientes en un 95% de sus exportaciones de hidrocarburos.

 

La falta de recursos hizo imposible el mantenimiento de la amplia variedad de subsidios a la población, que tradicionalmente han servido de paliativo para evitar protestas populares. El gobierno argelino ha debió aumentar algunos impuestos, subir un 20% el precio de los combustibles, la electricidad, el gas y los alimentos de primera necesidad.

 

La crisis económica, la corrupción endémica del régimen, el envejecimiento y la falta de renovación de los elencos gobernantes y la falta de oportunidades son los principales factores que alimentan la crisis y que el nuevo presidente deberá resolver para lograr consolidar la gobernabilidad del país.

 

Para colmo de males, la brusca desaparición del general Gaïd Salah deja abierta la posibilidad de una lucha por el control del Ejército, en un país donde las fuerzas armadas son uno de los pilares del sistema político, especialmente después del llamado “decenio negro”, la cruenta guerra civil contra los islamistas que desangró a Argelia entre 1992 y 2002 y que aún es un cruel recuerdo para la sociedad argelina.

 

El país magrebí no sólo es  el Estado más extenso de África sino también un importante socio comercial de Europa y un protagonista central en temas de seguridad en el Mediterráneo por ello su estabilidad es un tema sensible para los gobiernos europeos.

 

Argelia es el tercer proveedor de gas de Europa y el octavo mayor productor del mundo. Es el principal socio energético de España, país al que vende el 54% del gas que consume a través del proyecto “Medgaz”, gestionado por las empresas españolas Cepsa y Gas Natural Fenosa y la compañía estatal de hidrocarburos argelina Sonatrach que opera el oleoducto que parte del corazón de Argelia, cruza el Mediterráneo y desemboca en Almería.

 

Argelia es, además, segundo cliente comercial de España, sólo por detrás de Marruecos, con una balanza favorable al país árabe de 1.900 millones de euros anuales.

 

En 2017, España fue el quinto proveedor de Argelia y su tercer cliente: las exportaciones ese año superaron los 2.670 millones de euros, mientras que las importaciones alcanzaron los 4.580 millones de euros.

 

Italia es el principal socio comercial de Argelia, y principal destino de sus exportaciones, con cerca de 6.000 millones de euros, con Francia en tercera posición seguida a gran distancia de Estados Unidos y Turquía.

 

Argelia mantiene con estos países -y con la Unión Europea en su conjunto- diversos acuerdos en cuestiones de seguridad, lucha contra el terrorismo yihadista, el crimen organizado y la inmigración irregular.

 

En Francia reside una gran colectividad argelina. Muchos de sus miembros cuentan incluso con doble nacionalidad. En tanto que los argelinos, con el 17,9%, constituyen la segunda nacionalidad de migrantes irregulares que llegan cada año a España.

 

Argelia, es además, una de las puertas de acceso a las costas del Norte África para los inmigrantes irregulares provenientes del Sahel.

 

Al mismo tiempo, Argelia mantiene sólidos vínculos históricos y actuales con otro tipo de gobiernos. En especial con Rusia, China, Cuba e Irán, sin dejar de lado a la impredecible Corea del Norte.

 

Por lo tanto, los problemas de gobernabilidad que enfrenta desde hace años Argelia  es seguido con preocupación de sus socios europeos. La muerte del general Salah y los cuestionamientos a la legalidad del presidente Tebboune dejan abierta la posibilidad de más cambios, de un incremento en la actividad del terrorismo yihadista e incluso de un retorno de los partidos islamistas radicalizados.

Autor: Adalberto Agozino

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