INTERNACIONAL
Viernes, 5 de Febrero de 2021 | Hace 4 semanas

INTERESES GEOPOLÍTICOS CHINOS EN LA CRISIS DE MYANMAR

El lunes 1° de febrero los militares birmanos dieron un golpe de Estado en la República de la Unión de Myanmar derrocando y encarcelando a la Consejera de Estado, la premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, de 75 años. Detrás de la acción antidemocrática del “Tarmadaw” asoma el fantasma de los intereses geopolíticos chinos.

Un país en guerra

Envuelta en una interminable guerra civil que enfrenta a la etnia gobernante de los bamar con el otro centenar de grupos étnicos que componen sus 67 millones de habitantes, la  antigua colonia británica de Birmania (Burma en inglés) en mayormente conocida en Occidente por las sistemáticas violaciones a los derechos humanos de la minoría musulmana de los rohingya.

Ubicada en el Sudeste Asiático, Myanmar limita con la India y Bangladés al oeste, con Tailandia y Laos al Este, China se sitúa en su frontera norte y noreste y por el sur la Bahía de Bengala y el mar de Andamán la conectan con el mundo. Su territorio, rico en recursos naturales de diverso tipo, abarca 676.578 km². Su capital, desde 2005, en la ciudad de Naipyidió y su metrópoli más poblada es la antigua capital:  Rangún.

Myanmar se sitúa en la posición 130 entre los 180 países medidos por el Índice Global de Corrupción y en el puesto 145 entre los 188 países evaluados por el Índice de Desarrollo Humano.

El último golpe de Estado que ha sufrido esta débil y opaca democracia del sudeste asiático se consumó en forma absolutamente incruenta el lunes 1° de febrero de este año cuando los militares detuvieron al presidente Win Myint y a la consejera de Estado (y virtual gobernante) Aung San Suu Kyi y a los funcionarios elegidos democráticamente pertenecientes al partido oficial la Liga Nacional para la Democracia.

La Liga Nacional para la Democracia se impuso limpiamente en las elecciones de 2015, con casi el 80% de los votos emitidos, éxito electoral que repitió en los comicios generales de noviembre de 2020.

El golpe de Estado militar se llevó a cabo un día antes de que el Parlamento de Myanmar tomara juramento a los miembros electos en los últimos comicios. En las elecciones generales del 8 de noviembre de 2020, la Liga Nacional para la Democracia obtuvo 396 de los 476 escaños del Parlamento, mejorando los resultados obtenidos en las elecciones de 2015. El Partido Unión, Solidaridad y Desarrollo, apoyado abiertamente por los militares, consiguió tan sólo 33 diputados.

Inmediatamente, el “Tatmadaw”, el Ejército, cuestionó los resultados, alegando que la votación fue fraudulenta. Los preparativos para el golpe de Estado fueron un secreto a voces durante varios días, despertando la preocupación de las potencias occidentales: Francia, Estados Unidos y Australia.

En medio de los rumores y el clima de tensión, el 12 de enero pasado, Wang Yi, ministro de Relaciones Exteriores de China, se reunió con Min Aung Hlaing, jefe de las fuerzas armadas en Naipyidió, sin que trascendiera el motivo del encuentro.

El día del golpe de Estado, los militares cortaron el servicio de internet y de telefonía desde las 3 a. m., como así también las trasmisiones de la televisión estatal MRTV. Las tropas se desplegaron para controlar instalaciones estratégicas en Rangún y Naipyidió.

Posteriormente, el ejército anunció a través de Myawaddy TV, que había tomado el control del país y lo mantendría al menos durante un año. Una declaración firmada por el presidente en funciones Myint Swe anunció que la responsabilidad de “la legislación, la administración y el poder judicial” se había transferido al general Min Aung Hlaing.

El Consejo de Seguridad y Defensa Nacional, presidido por el presidente en funciones Myint Swe e integrado por los altos mandos de las Fuerzas Armadas se reunió y emitió una declaración de que se celebrarían nuevas elecciones y que luego se entregaría el gobierno al vencedor de los comicios.

Los militares también anunciaron la destitución de 24 ministros y diputados, reemplazados por once funcionarios suplentes.

El 2 de febrero de 2021, Min Aung Hlaing estableció el Consejo Administrativo del Estado, conformado por once miembros.

El 3 de febrero, la policía de Birmania presentó cargos penales contra Aung San Suu Kyi acusándola de importar ilegalmente equipos de comunicaciones, después de un allanamiento en su casa de la capital.

Repercusiones internacionales

Varios países, incluidos Bangladesh, India, Indonesia, Japón, México, Malasia, Corea del Sur y Singapur expresaron su preocupación en respuesta al golpe de Estado, muchos de los cuales alentaron el diálogo entre el gobierno civil y las Fuerzas Armadas para resolver la crisis.

Australia, Nueva Zelanda, España, Turquía, Reino Unido y los Estados Unidos por su parte condenaron el golpe y pidieron la liberación de los funcionarios detenidos; el presidente Joe Biden incluso amenazó con imponer sanciones económicas a Myanmar, pero la falta de consenso internacional impidió por el momento su concreción.

Camboya Filipinas y Tailandia se limitaron a considerar el golpe de Estado como “un asunto interno” de Myanmar. La República Popular China incluso se limitó a señalar que “China y Myanmar son buenos vecinos. Esperamos que todas las partes puedan resolver sus diferencias dentro del marco de la Constitución y la ley, salvaguardando la estabilidad política y social” (sic.) y la agencia oficial de noticias Xinhua describió los hechos como una “importante remodelación de gabinete”.

La prudente actitud de Beijing se corresponde con los grandes intereses que China tiene en Myanmar, en especial con los 38 proyectos de infraestructura que el gobierno tutelado por Suu Kyi no implemento con la velocidad y diligencia que los chinos demandaban.

Intereses chinos

En 1988, China y Myanmar suscribieron un acuerdo comercial fronterizo que marcó el inicio de un intercambio económico sustancial entre ambos países. Las áreas de mayor cooperación se dieron en los ámbitos de la minería, el desarrollo del sector energético de hidrocarburos, además de la generación y distribución de la energía eléctrica. Las empresas chinas, particularmente las que están asentadas en la provincia de Yunnan, ejercieron un papel importante en la restauración económica de la parte norte del territorio birmano y en el aumento de los flujos comerciales. Estas empresas construyeron caminos, puentes, centrales eléctricas e instalaciones de telecomunicaciones y también mejoraron las instalaciones portuarias y los aeródromos.

Por su parte, Myanmar permitió la explotación de recursos naturales en áreas de minorías étnicas a lo largo de frontera, hecho que ha complicado la situación en esas áreas. Los proyectos de construcción e infraestructura a menudo fueron acompañados por una fuerte presencia del ejército birmano, lo que condujo a conflictos con la población local y generó la reubicación forzada a gran escala de los habitantes.

Al mismo tiempo, China se convirtió en proveedor de equipamiento militar, asistencia para el desarrollo y construcción de infraestructura para Myanmar. Las maniobras militares conjuntas de las fuerzas armadas de ambos países en la bahía de Bengala se hicieron frecuentes.

Beijing es el tercer mayor socio comercial de Myanmar, después de Singapur y Tailandia, y el mayor inversor extranjero, aunque el tamaño de esta inversión no está correctamente determinado. En la actualidad, las áreas de cooperación más importante entre China y Myanmar son proyectos de minería, programas de exploración y extracción de hidrocarburos, en especial gas y petróleo, la explotación forestal, y la generación y distribución de la energía hidroeléctrica.

En 2004 nuevos yacimientos de gas en Shwe, en la costa de Arakan (zona centro del territorio birmano), fueron descubiertos por la compañía coreana Daewoo International. Los nuevos descubrimientos en tres campos en el Golfo de Bengala -Mya, Than Shwe y Phyu Shwe (conocidos conjuntamente como el proyecto Shwe, que se estima contienen entre 5,7 y 10.000 millones de pies cúbicos de gas)- han provocado una intensa competencia de ofertas entre las compañías de Bangkok, Beijing y Nueva Delhi. Las empresas chinas, aunque no participaron en las en las primeras etapas de exploración de gas en Shwe, compraron los derechos de exploración de siete bloques con una superficie de más de nueve millones de hectáreas.

De octubre de 2004 a enero 2005 la Corporación Nacional de Petróleo Marítimo de China firmó seis contratos de producción compartida con la Compañía de Gas y Petróleo de Myanmar del Ministerio de Energía. La Compañía de Petróleo y químicos de China y su filial Dian Qiangui también empezaron a operar en los campos de exploración de petróleo. Por otra parte, la Corporación Nacional de Petróleo de China y su subsidiaria Chinnery se han adjudicado contratos para actualizar cuatro antiguos campos en el centro de Myanmar. Otro gran proyecto es el plan de PetroChina para construir un gasoducto desde el Bloque 1 en el campo Shwe, en la costa de Rahine, hasta la provincia de Yunnan.[1]

En esta forma Myanmar se convirtió en escenario de una intensa puja diplomática y de influencias por apropiarse de los recursos energéticos de la región. China e India están buscando el acceso al Océano Índico a través de Myanmar para ayudar a desarrollar a sus provincias de suroeste y noreste, respectivamente.

Para minimizar los riesgos que representan una alta dependencia del estrecho de Malaca, Beijing planea construir un oleoducto desde Sittwe -una ciudad en la costa suroeste de Myanmar, cerca del Océano Índico- a la ciudad china de Kunming en la provincia de Yunnan. Este acceso directo reduciría el viaje de Malaca en 1.200 km y podría ayudar a aliviar la dependencia china del estrecho de Malaca en un tercio o más. En consecuencia, Myanmar se ha transformado en una clara prueba de la estrategia china de diversificación energética.

El oleoducto sino-birmano comienza en el puerto de Kyaukryu en la costa oeste de Myanmar y entra en territorio chino a través de la ciudad fronteriza de Ruili, en el oeste de la provincia de Yunnan. El oleoducto tiene una extensión de 2.380 kilómetros y se estima que transportará veintidós millones de toneladas de crudo por año a China provenientes del Medio Oriente y África.

El proyecto sería la cuarta ruta de entrada de petróleo y gas natural de China, después del transporte marítimo, los ductos sino-kazajos y los ductos sino-rusos. Los nuevos ductos están en línea con la estrategia china de diversificar los métodos y fuentes de sus importaciones de crudo. Esto disminuirá y fortalecerá la habilidad de China de hacer frente a la compleja y volátil situación internacional. El proyecto ayudará a calmar la demanda energética del sur y del oeste de China. La ruta que seguirán los ductos de gas y petróleo antes mencionados involucran la creación de plantas de producción, estaciones, puertos de agua profundas e instalaciones de  almacenamiento de gas y petróleo.

Conclusiones

Las inversiones e intereses que hemos descripto, extensamente, convierten a China en socio obligado de los militares birmanos.

Parece muy probable que el Tarmadaw haya buscado la aprobación del gobierno chino antes de llevar a cabo el golpe de Estado del 1° de febrero.

En consecuencia, no puede sorprender que Beijing extienda su influencia protectora para impedir que Occidente avance en sanciones económicas y diplomáticas contra el gobierno de facto de Myanmar en tanto se mantenga su posición privilegiada en el país.

Aunque posiblemente, China también urgirá a los militares birmanos a guardar las formas e implementar a corto plazo elecciones para normalizar la situación institucional de Myanmar y a moderar las características represivas  del régimen a los efectos de disminuir las tensiones con Occidente. Aun cuando esa democratización sea más aparente que real.

 

 

[1]PATIÑO OROZCO, Germán A.: Política Exterior china en Myanmar: ¿presencia permanente e incontrovertible? Revista México y la cuenca del Pacífico. N° 17, 20170. Universidad de Guadalajara, Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades. Departamenteo de Estudios del Pacífico.

 

Autor: Adalberto Agozino

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