POLITICA
Martes, 27 de Febrero de 2018 | Hace 10 meses

HAY QUE PASAR EL VERANO

Veamos la interesante opinión de María Eugenia Torres de la Universidad Torcuato Di Tella.

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Panoramas pasados.

A principios de los años 60, la realidad del mundo tomaba otras perspectivas. Cuba ya no respondía a los intereses de Batista, sino que se estructuraba alrededor de las concepciones de Fidel Castro y de su Ministro de Industrias: Ernesto Guevara. Años de crisis de los misiles, de la guerra fría, años de muerte, de apartheid, y de revueltas sociales que giraban en torno a enarbolar los nuevos ideales de la juventud.

Este contexto, no sería ajeno a nuestro país. La argentina venía sufriendo los coletazos de un mundo divido por la lucha entre el comunismo y el capitalismo, esto implicaba que los levantamientos de la juventud se encontraban a flor de piel.

La música, la televisión, la literatura y las artes gráficas evidenciaban esta crisis. Tal vez por ello, la mayor producción artística del siglo XX se concentra en los años 60, años de Rayuela, de Cien años de soledad, años de Peronismo proscripto, años de Frondizi, Guido, Illia y la Revolución Argentina.

La inestabilidad política y social, lógicamente azotaba las condiciones económicas del país. Para muchos serán los años de “las recetas del FMI”, que se contraponía a la resistencia que se desarrollaba en las calles argentinas.

Si bien entre las décadas de los años 40 y 70 tuvo lugar se produjo un gran proceso de industrialización, con la creación de numerosas empresas estatales, que poseían como único objeto posicionar al país como líder latinoamericano de industria pesada, y por tanto dejar atrás los años de exportación de cereales y carnes. Argentina ahora, era productora de heladeras, autos, acero, petróleo, carbón. La industria era la protagonista de la escena. Sin embargo, para lograr estos años dorados de la industria fue necesario tomar deuda pública, y realizar ciertos recortes presupuestarios que impactaron en la sociedad argentina. A esta situación se suma la proliferación del movimiento obrero, que crecía a pasos agigantados junto a la industria nacional. No es casual, que la Convención Constituyente de 1957 introdujo a la Constitución Nacional, el artículo 14 BIS, en el cual se reconocían derechos individuales y colectivos de los trabajadores, dicho artículo versa de la siguiente manera: “Artículo 14 bis.- El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor, jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial”.

Esta situación produjo el desfile sin final de ministros de economía, muchos intentaron aplicar remedios un tanto cuestionables, otros intentaron explicar en televisión las soluciones con empréstitos a veinte años sosteniendo fervientemente “hay que pasar el invierno”.  Casi sesenta años después, la situación no ha cambiado mucho.

Panoramas actuales.

En los últimos meses la actividad sindical ha cobrado un inmenso protagonismo. En principio porque los principales sindicatos del país han iniciado una suerte de guerra con el poder ejecutivo, “violencia de arriba, violencia de abajo”, pero en términos verbales.

El último paro nacional no fue un hecho mas de la turbulenta historia argentina, sino que se puede traducir en la muestra de poder del sector sindical. Poder que no poseen las masas que asisten a estos actos, sino que lo poseen aquellos que conducen los sindicatos, y dicen velar por los intereses de sus afiliados, cuando en verdad solo se preocupan por la cantidad de dinero que se acumula en sus cuentas bancarias.

Si bien es cierto, que el gobierno actual procedió erróneamente frente a ciertas circunstancias, también es cierto que el discurso de los sindicatos ha impactado ferozmente sobre la imagen del ejecutivo y sus integrantes. En estos días es posible acudir a una gran confusión: la confusión de los derechos constitucionales con el intento de destrucción del gobierno. La simple respuesta que puedo brindar es que será necesario “pasar el verano”.

Autor: Adalberto Agozino

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