SEGURIDAD
Viernes, 19 de Enero de 2018 | Hace 10 meses

LA GUERRA SECRETA: ESPÍAS, CÓDIGOS Y GUERRILLAS, 1939-45

Comentarios al libro de Max Hastings sobre las actividades de inteligencia en la Segunda Guerra Mundial.

EL AUTOR

Sir Max Hastings (1945) es un periodista, hijo y nieto de periodistas. Sus escritos han aparecido en todos los periódicos nacionales británicos. Ahora escribe regularmente para el Daily Mail y revisa libros para el Sunday Times y el New York Review of Books. Ha publicado veintiséis libros, la mayoría de ellos sobre historia militar.

Ha recibido premios tanto por sus libros como por su periodismo. “Bomber Commad” (1979) ganó el Premio Somerset Maugham. Fue periodista del año y periodista del año en los Premios británicos de prensa de 1982 y Editor del año en 1988.

 

En 2008 y 2014 recibió la Medalla de Literatura Militar del Duque de Westminster de la RUSI por su contribución vitalicia a la literatura militar, y, en 2009, el Trofeo Edgar Wallace del London Press Club.

 

En 2012, la Biblioteca Militar Pritzker, de Chicago, le otorgó su Premio Literario de cien mil libras por su trayectoria como escritor militar.

 

Él ha presentado muchos documentales de televisión. Fellow de la Royal Society of Literature y miembro honorario de King's College, Londres, también recibió títulos honorarios de las universidades de Leicester y Nottingham. Fue presidente de la Campaña para proteger la Inglaterra rural 2002-2007 y fiduciario de la National Portrait Gallery 1995-2004. En 2002, fue nombrado caballero por sus servicios al periodismo. 

 

LA OBRA

 

El libro de Max Hastings: “La Guerra Secreta espías, códigos y guerrillas, 1939 – 1945”, editado en castellano por la editorial española “Crítica” de Barcelona, en 2016, dedica 694 páginas, más otros 94 a agradecimientos, notas y fuentes, bibliografía e índices. El libro tiene un total de 788 páginas.

 

Según sus propias palabras el autor realiza “un estudio sobre las maquinarias de aquellas batallas (de la Guerra Secreta) libradas en ambos bandos, así como de sus figuras más influyentes.

 

Agregando el autor sobre el objetivo de su trabajo que: “Por lo general, los estudios publicados sobre las labores de inteligencia durante la guerra se centran en las acciones de un único país. En este trabajo, sin embargo, mi deseo es ofrecer una visión de conjunto.”

 

Por lo tanto, este libro analiza (o al menos pretende hacerlo) las actividades de inteligencia de los aliados: Gran Bretaña, la Unión Soviética, Francia, Estados Unidos, Checoslovaquia y Polonia; de países neutrales como Suiza, Suecia, España y Turquía y de las potencias del Eje: Alemania, Italia y Japón, durante los años previos al inicio del conflicto y luego durante toda la Segunda Guerra Mundial.

 

Lo primero que hay que señalar es que, cuando el objetivo general de una investigación o libro se plantea en forma tan ambiciosa siempre se corre el riego de no alcanzarlo plenamente. En tales casos el autor no puede evitar las omisiones y simplificaciones que vuelven al trabajo objeto de críticas. La obra de Hastings no escapa a esta regla general.

 

En Guerra Secreta, Hastings se propone como objetivo central determinar en que medida la información suministradas por espías y criptógrafos, las operaciones especiales y las actividades guerrilleras tuvieron incidencia en el resultado final de la contienda.

 

Hastings tiene una visión crítica del desempeño tanto de los servicios de inteligencia, como de las agencias de operaciones especiales, como el británico SOE o el estadounidense OSS, durante los años de la guerra. A través del análisis de la actividad de numerosos agentes y redes de agentes llega a la conclusión de que “la contribución de los servicios de inteligencia Aliados en la victoria final fue prácticamente nula.”

 

En favor de los servicios de inteligencia en general, Hastings señala que en muchos casos los servicios de inteligencia fueron capaces de anticipar los movimientos del enemigo, pero los conductores políticos a quienes informaban se negaron a prestar atención a sus advertencias.

 

Hastings sostiene que en general, tanto entre los Aliados como en el Eje los servicios de inteligencia estaban desprestigiados y no gozaban de mayor credibilidad. Por lo cual no se los tomaba en consideración al momento de planificar las operaciones militares salvo en los casos de “Ultra” y “Purpura”.

 

Hastings considera que el mayor aporte que los servicios de inteligencia hicieron al resultado final de la contienda estuvo en el campo de la inteligencia de señales, es decir, la interceptación y desciframiento de las comunicaciones enemigas, y no en la información suministrada por fuentes humanas (huminint, proveniente de espías, agentes dobles y traidores).

 

Los británicos alcanzaron sus mayores éxitos de inteligencia a partir de 1940, cuando los matemáticos y criptógrafos de Bletchley Park descifraron las comunicaciones de la Wehrmacht emitidas a través de las máquinas “Enigma”, un producto de inteligencia denominado “Ultra” que orientó las principales decisiones de los Aliados durante la contienda.

 

Mientras los estadounidenses hicieron otro tanto en Arlington Hall descifrando el código “Purpura” empleado por los japoneses en sus comunicaciones.

 

El análisis que Hastings realiza sobre las actividades de los espías y agentes más célebres y conocidos no aporta nada nuevo a su conocimiento. Probablemente porque, aunque el autor afirma haber basado su libro en investigaciones propias y en la consulta de archivos británicos, estadounidenses y soviéticos, lo que se aprecia es que trabajó con fuentes secundarias, es decir, libros de memorias de los participantes y relatos de otros autores, bibliografía por demás conocida.

 

Tampoco el escaso espacio destinado a analizar superficialmente las operaciones especiales del SOE y el OSS y la actividad de maquis, partisanos y guerrilleros presenta mayor interés o nuevos datos. Mientras que omite toda referencia a las operaciones especiales llevadas a cabo por las potencias del Eje, como el audaz rescate de Benito Mussolini, de su confinamiento en el macizo del Sasso, llevado a cabo por Otto Skorzeny.

 

Quienes no conozcan sobre las operaciones especiales en la Segunda Guerra Mundial tampoco adquirirán ese conocimiento a través de la obra de Hastings.

 

Sus mayores aportes residen en el pormenorizado análisis de los procedimientos de interceptación y descriptamiento de las comunicaciones de las potencias del Eje y su aprovechamiento por parte de los Aliados en distintos momentos de la guerra.

 

En medio de la hojarasca, Hastings introduce algunas interesantes reflexiones estratégicas, como cuando señala que de nada sirve conocer detalladamente las intenciones del enemigo si no se cuenta con el potencial y los medios necesarios para impedir que las concrete, o cuando revela la importancia del desciframiento de otros códigos de comunicaciones no militares que ofrecieron gran información complementaria a los análisis de inteligencia.

 

Una mención aparte merece la defectuosa traducción al castellano realizada por Cecilia Belza y David León, quienes ya han traducido para Crítica otras obras de Hastings. Por momentos la traducción es demasiado literal, en otro emplea términos que si bien forman parte del Diccionario de la Real Academia no son de uso corriente en el siglo XXI.

 

Hay notorios errores de traducción al confundir distinciones soviéticas como la Orden de Lenin, Orden de la Bandera Roja y Orden de la Estrella Roja. Lo mismo ocurre con las condecoraciones británicas, por lo cual no parece correcto atribuir ese tipo de errores a Hastings.

 

En síntesis, debería ser una lectura obligatoria para un público especialmente interesado en la historia del espionaje y las operaciones especiales. Pero, a este público no le aportará mucho la lectura de estas setecientas páginas porque el texto incurre en muchas reiteraciones y obviedades.

 

En tanto, que para el lector que busca una lectura ágil y entretenida que al mismo tiempo le proporcione una idea en general de las actividades de inteligencia en la Segunda Guerra Mundial el libro solo proporciona una visión fragmentaria, en otros da por sentado que el lector posee información previa sobre el tema.

 

En otras palabras, muy tedioso para una lectura de verano y muy superficial para una lectura académica.

Recomendación Final: Sólo para aquellos lectores que se sienten obligados a leer todo lo que se escribe sobre espionaje y operaciones especiales.

Autor: Adalberto Agozino

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